Dámaris Pérez Delgado

Dámaris Pérez Delgado (Sevilla, 1967) es Técnico Superior en Fotografía por la Escuela de Arte San Telmo de Málaga. Como artista, tras numerosas exposiciones colectivas por el territorio nacional, ha expuesto individualmente en Casa Fuerte Bezmiliana (Ayto. Rincón de la Victoria), Escuela de Arte de San Telmo Málaga (Junta de Andalucía) o en el Showroom de Clorofila Digital Madrid. Ha ganado premios como el del Ateneo de Málaga o la Mención de Honor del Premio de Artes Plásticas de Escuelas de Arte de la Junta de Andalucía. Tiene obra en distintas instituciones y colecciones: Ayuntamiento de Camas (Sevilla), Colección Clínica Hidalgo (Málaga), Ateneo de Málaga o Colegio Oficial de Veterinario (Ciudad Real).

Como Harry Gruyaert, considero la fotografía una forma de terapia, una necesidad, algo que tengo que hacer. Es una relación con el mundo que me es necesaria…es mi forma de expresarme, sentirme más viva…”

Su obra se fundamenta en el paso del tiempo y esa enigmática estética a la que el tiempo somete a personas y cosas. En esa búsqueda y reflexión interior, se crea un diálogo recurrente, la belleza ante lo que aparentemente no lo es, donde pasados que guardan silencio, son convertidos en protagonistas de su propia historia, apelando a nuestros sentidos.



CONTACTO

OTROS ENLACES


PROYECTOS

ESPACIOS DESHABITADOS

Tenemos tres formas de percibir el tiempo: Tiempo objetivo, subjetivo y emocional.”

Este proyecto es una reflexión sobre el tiempo y las secuelas que deja a su paso tanto en el ser humano como en las cosas. En concreto, nace desde ese tiempo emocional que atrae a la autora hacia esos espacios abandonados desvencijados, ajados, en ruinas… que luchan y se resisten al paso del tiempo por permanecer y mantener aun el recuerdo de lo que fueron.

El trabajo se ha realizado en espacios deshabitados de personas, pero no de las huellas y rastros dejados a su paso a través de los elementos que le pertenecieron, y que hoy desde el lugar donde yacen nos cuentan fragmentos de su historia.

A través de algunos elementos encontrados en el lugar y otros aportados a la escena, en este trabajo se esboza, recrea o reinventa un momento de lo que pudo ser. Todo ello bajo la inquietante experiencia de lo vivido, que advierte esa lenta y nostálgica degradación a la que el tiempo somete todas las cosas.

Espacios que el tiempo maquilla con esa nostálgica degradación a la que él, como nadie, somete todas las cosas, pero que a su vez, le impone una belleza única.”

ATELIER

Este trabajo sigue la línea  del anterior. Está realizado  en lo que en su día fueron talleres de  de alta  costura de trajes de novias. Las  obras, han sido realizadas en Sevilla, Almería, Madrid… 

A través de los elementos encontrados en la escena, se recrea un momento “de lo que pudo ser…”  como en la obra  Visible e Intangible, donde aparece el traje de novia que estaba en el taller de dos plantas  que ardió en el 1971. Era fácil imaginar a la novia bajando por la escalinata…     

Como si fuese una criatura fantástica de la mitología, habita en su morada y recibe las experiencias que transformará en sus recuerdos. “

EL ÚLTIMO RETRATO

En este proyecto se desarrolla en la idea de “La fotografía como refugio de la presencia”  inspirada en el trabajo de  Gorksa López de Munain y Paula Bruno (2014)  y se desarrolla en Praga,  atrapada la autora por la belleza que se despliega en los retratos que habitan las tumbas de sus cementerios.

Los cementerios son espacios en los que el poder de la imagen  (el retrato) toma mayor relevancia. Una fijación del hombre, que se remonta a sus orígenes en  el intento de guardar una imagen (tal vez la única) de la persona que se iba.

Es increíble la sensación de pasear por el cementerio de Starý Zidovký Hrbitov donde  te atrapa la composición del marco dentro del marco, que cual guía de los sentidos,  te va dirigiendo la mirada al centro del foco (a los retratos)  añadiendo esa sensación de recogimiento y protección a la persona, al retrato…”

En el Antiguo Egipcio momificaban a los faraones carentes de vida y así conservar su imagen para la eternidad. Los Mayas, tallaban máscaras de jade para inmortalizar la imagen de  la persona que fallecía, en otras civilizaciones eran mascaras de barro, yeso, escayola e incluso pintaban sus rostros y ponían una tela para que quedase plasmada la cara del que moría.

Posteriormente, en el renacimiento, por medio de la pintura en el llamado “Momento Mori”  “recuerda que eres mortal” se pintaba a la persona que moría. Cuando llega el daguerrotipo, se difundió una forma más “asequible” (ya que reducía muchísimo las horas de exposición) haciéndose muy recurrente “La fotografía Pos Morten”  La práctica de fotografiar al recién fallecido, el retrato conmemorativo o retrato de luto.

Era una forma de consolar a los vivos  (ya que se quedaban con la imagen del que se iba) una parte de él, una manera de recordar y no olvidarlo… Volvemos a “La fotografía como refugio de la presencia”

Los cementerios de  Olsanskedone y Vysehrad, te cautivan por la belleza causada  por el silencioso deterioro del paso del tiempo, donde por arte de magia, lo único que se resiste a desaparecer son los retratos que parecen observarte. “

Roland Bathers, en “La cámara Lucida” (1980) considera la fotografía como una experiencia de la muerte, ya que se repite mecánicamente lo que jamás podrá repetirse existencialmente, cada momento es único e irrepetible y capturar esa imagen la hace eterna…


INTERÉS SOCIAL


DIÁLOGOS

Somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos, sin memoria no existimos, y sin responsabilidad quizá no merezcamos existir”

José Saramago

En este trabajo, Dámaris nos habla de ese tiempo subjetivo, ese tiempo que no entiende de orden cronológico, que carece de objetividad, que no es imparcial y no atiende al análisis. Se centra en cómo nos sentimos físicamente, lo que hacemos, como lo vivimos… y no a la edad cronológica.

Consta de una serie de retratos realizados a personas con más de 80 años (en plenas facultades) mientras cuentan cómo viven el paso del tiempo en sus cuerpos, que suele diferir mucho a como realmente se sienten.

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Conversando con ellos (Tomás, Pepe, Encarna, Dolores…)  llego a la conclusión de que no son su pasado, sino lo que hicieron y siguen haciendo para mejorarlo, seguir adelante y “reconstruirse”. Esa actitud es la que los define, la que muestra quienes son en realidad y la que les ha acompañado a lo largo de sus  vidas. Nuestras acciones y pensamientos determinan quien somos.”

Momentos de reflexión, abnegación, complicidad, risas, nostalgia, recuerdos, añoranzas y asombro ante las preguntas planteadas…


No existe ni el pasado ni el futuro, sino el presente del pasado, o la memoria, y el presente del futuro, o la esperanza.

María Zambrano